Sin embargo, el asombro desde mi punto de vista, está hoy enmarcado en una experiencia sensorio – visual. A ver, pongamos un ejemplo. A nuestra casilla de correo llega un archivo pdf que nos muestra un perro dando vueltas como loco tratando de morder su cola; un bebé bailando delante de un plasma que muestra un video de Rihanna; accidentes domésticos en el patio de atrás de una casa; o veintitantas fotos de paisajes simétricos y –sobretodo- lejanos. ¿No me van a decir que no se asombran de eso? Y estoy dejando de lado los correos de chistes, cadenas sanadoras, búsquedas de personas y los de alto contenido erótico. ¡Impresionante! Todo en un mismo lugar, sin salir de tu casa, por el mismo precio y en tu computadora.
La ciencia ha conseguido meter el mundo en un monitor de lcd. Hay que reconocerlo, tiene su mérito. ¿Quién hubiera pensado que la realidad te llegaría por fibra óptica a $ 96,80 por mes? Sócrates, Platón, Aristóteles calientes como una pipa, porque no tuvieron la “suerte” de que la realidad se plantara delante de ellos. Por el contrario, tuvieron que salir de su casa, en una noche estrellada a mirar el cielo. Y como si esto fuera poco, tuvieron que resolver el problema del valor de la verdad. No sólo por desconfianza. Sino porque eran conscientes de aquello que existe en el hombre y que naturalmente lo hace aspirar a la verdad. Y esto es una verdad irrefutable.
La enorme ventaja que tenemos nosotros es que no necesitamos hacer este cuestionamiento. Ya no es necesaria la desconfianza, ni quemarnos la sesera dilucidando si las cosas se definen por si mismas, o si su entidad ontológica se define por su antítesis. Sí, estoy siendo irónico.
Vamos a decirlo de una vez por todas: “las cosas de valor sumo es preciso que tengan otro origen, un origen propio, ¡no son derivables de este mundo pasajero, seductor… ! antes bien, en el seno del ser, en lo no pasajero, en la cosa en sí…” Y no lo digo yo. Lo escribió Nietzsche en Más allá del bien y del mal. Y eso que en su época no había internet. Imaginate sino…
¿Me explico? Hago un copete: la razón no puede darnos todas las respuestas. La realidad que tenemos frente a nuestros ojos no es absoluta. ¿Entonces? Hay que desconfiar. Y para esto hay que incluir en nuestro modo consciente de percibir el mundo al instinto. Como tal, el instinto tiende per se a la conservación de la especie. Moviliza la intuición para mantenernos alertas y sacudirnos. Y ojo, esto tampoco lo digo yo.
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