Antes de que desbarranque (definitivamente), voy a tomarme unos minutos para explicar un concepto. Sabrán disculpar. El significado y el significante son los elementos constitutivos del signo. Es como la cara y la seca de una moneda. No se concibe la moneda sin sus dos lados. El ejemplo clásico es el humo que se ve a lo lejos y que nos dice que hay fuego. Donde el significante es el humo y el significado es el fuego. ¿Me explico?
Ahora bien, le damos una vuelta de tuerca al tema y decimos que en la palabra sucede lo mismo. Cuando decimos por ejemplo “perro” una determinada combinación de letras genera un efecto sonoro que nos devuelve un concepto: animal cuadrúpedo, mamífero y mejor amigo del hombre. Aquí el significado es este concepto y el significante es el efecto sonoro. Y el último detalle, no por ello menor, es que el emisor y el receptor del sonido tienen en común además un mismo código para transmitir esa palabra. Exacto, comparten la misma lengua.
Quizás estoy sintetizando demasiado la idea saussureana, pero a los efectos de este blog, es suficiente. Bien, retomemos y pongamos tres ejemplos.
- “En San Antonio de Areco la ley es papel mojado” (nota de Página 12 edición digital del 30 de diciembre de 2009)
- “La situación de Areco está un poco mejor y los vecinos vuelven a sus casas” (nota diario La Nación edición digital del 30 de diciembre de 2009)
- El tercer ejemplo es este
M H T L O X D R C E S E N C I A L X F Q M E S T H C B I N V I S I B L E I H K A Ñ C W Z C T G H L O S N R V S E I O J O S T B
Los dos primeros ejemplos hacen referencia a la fuerte tormenta de finales de diciembre que puso a esa ciudad bajo el agua. Pero es evidente que, aunque ambas tocan el mismo tema, le dan un enfoque absolutamente diferente. Más allá de las ideologías, el significado que se quiere transmitir tiene tintes diametralmente opuestos. Incluso, para un lector muy ingenuo, quizás no sepa con exactitud de qué se está hablando si sólo hubiese leído el primer ejemplo.
Entonces la pregunta llega solita: ¿qué seguridad tenemos que la verdad que tenemos frente a nosotros no está parcializada? ¡La verdad se convierte en no verdad! Porque atenta contra la realidad. De aquí la necesidad de que cuando “leemos” la realidad sea imprescindible que nuestra consciencia sea asistida por una desconfianza vital, por la intuición inteligente. Seguramente hay algo más que lo que nuestros sentidos perciben. ¿Por qué? la respuesta está en el tercer ejemplo.
Si es difícil decodificar los mensajes en nuestra propia lengua, quedamos huérfanos si se cambia el código de la comunicación. ¿Será entonces que las grandes verdades nunca están a simple vista? ¿Que permanecen resguardadas para que lleguemos a ellas sólo cuando las buscamos? Entonces cuanto más misterioso es un texto, cuanto más simbólico, más valioso es. Serán entonces sólo esos los que nos llenen de asombro.
El tercer ejemplo es una sopa de letras que encierra un mensaje codificado. Nada más sencillo. Sólo hay que saber mirar. Exactamente los mismo que hay que hacer cuando miramos el noticiero o leemos el diario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario