lunes, 14 de diciembre de 2009

Al que quiere celeste…

Primer Parcial 2

Hace ocho meses atrás, escribía sobre mi vuelta a los claustros. De hecho, releo la entrada y percibo expectativa y por qué no, una cuota importante de ilusión con un pequeñísimo dejo naif. Y el balance no está nada mal: cursé cinco materias, las aprobé a todas y rendí tres finales en la llamada de noviembre – diciembre. Ex profeso, dejé dos para febrero que, de haberlo decidido, las hubiera dado también en la primer llamada. Decidir esta postergación, fue lo que marcó mi año académico. Para bien, claro…

Recuperado del curso de ingreso, rápidamente tomé ritmo seleccionando las materias que iba a cursar. No fue una decisión sencilla. Quería hacerlas a todas, pero entre la complejidad de los horarios de cursada y el saber que en mayo empezaba mi nueva etapa con Pao, era claro que tendría que optar por cinco materias máximo. Así lo hice. Las más difíciles fueron las elegidas. Lo que en la jerga se denomina las materias “duras” de este primer año: Lingüística, Historia de la Literatura, Teoría Literaria, Psicología y Filosofía.

Fuimos a por ellas con alguna que otra dificultad. Pero lo más rescatable fue el haberme puesto a prueba, la adrenalina, la satisfacción que no se ha perdido la cintura y cualquier otra metáfora que se les ocurra…

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Lo único que me pasó factura fue el cuerpo. Volviendo a parafrasear a Sandrini, cuando el cuerpo (junto a la mente, claro…) me dijo basta, fue cuando decidí rendir dos materias en febrero. Y lejos de vivirlo como una frustración, me sentí muy bien haciendo esa elección: no podía poner en riesgo la escala de valores que había mantenido todo el año. Hubiera sido una exigencia demasiado grande para mí y para mi entorno.

A lo largo del año tuve devoluciones de muchas personas (algunas insospechadas) que reconocieron mi deseo de volver a estudiar en este momento particular de mi vida. Y eso fue importante para mí. Más de lo que hubiera sospechado. Porque si bien era una asignatura pendiente, fui consciente de las implicancias ahora que hago mi balance. Sí ché, estoy muy contento…

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El año que viene haré las materias de primero que me faltan. Como son las más livianas, seguro que me tentaré con alguna de segundo. Pero seguramente podré mirarlas de pie sobre los hombros del gigante.