El sábado 26 de enero fuimos a acampar a esta ciudad de Entre Ríos que para hacer honor a la verdad, me enamoró. No es de esas ciudades ostentosas, que cuando llegas te restregan lo grandiosas que son. Muy por el contrario, es vital, simple en el sentido más noble de la palabra, y sobre todo tiene mucha actitud, tanto su suelo como su gente. Te dicen que están y quiénes son, de una sola mirada. Y luego te invitan a quedarte de una manera que seduce.
Y si te dejás llevar, te vas para el corsódromo. Alto Carnaval!! Y lo que sigo destacando porque volví a disfrutarlo en la comparsa, fue la actitud. Verlos bailar me hizo cerrar la percepción de una idiosincrasia, (que ya había visto en vos, Eli) en la que todo es una experiencia vital: desde la amistad, el carnaval y el río Uruguay; el trabajo, los afectos y hasta las tristezas. Me produce admiración, mucha.
Y voy a volver, sabelo.